sábado, 6 de diciembre de 2014


EN CONTRA DE LA UTOPÍA 





Al poco de poner en práctica cualquier proyecto utópico resulta evidente que su consecución es imposible. La frustración que genera esta certeza sobrevenida resulta tan insoportable que los activistas explican su fracaso recurriendo al trabajo infatigable y secreto de fuerzas oscuras y de saboteadores. Ello exige identificar en la teoría y reprimir en la práctica a un colectivo concreto, colectivo al que se pueda responsabilizar de lo que ocurre: el chivo expiatorio. El chivo expiatorio puede ser una clase, una raza, una nación, una actividad económica. A medida que transcurra el tiempo el ideal utópico se irá alejando sin remedio, de modo que el contingente de seres humanos encuadrado en la categoría del chivo expiatorio irá aumentando. La conclusión es evidente: todo proyecto utópico desemboca en la tiranía de quien se ve obligado a padecerlo y en la paranoia de quien tuvo la infeliz idea de ponerlo en marcha.

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